sábado, 24 de diciembre de 2011

La reliquia de la otra Venecia

La reliquia de la otra Venecia


¿Confesaré lo que me fue revelado una de mis noches de vagabundeo por las solitarias calles y campielli de la Serenissima?...
Entre decrépitas bifurcaciones, mientras luchaba por evadirme de un miserable pasadizo embozado en la bauta de la niebla, sentí un tintineo a unos pasos delante de mí. Era una moneda.
-Ha caído de una ventana -pensé-… me pareció que brillaba más de lo normal, y me la guardé. Ya en el albergue, la estudié. Era un cequí de Ludovico Manin, el último dux de la república. Era de oro, pero inmediatamente sentí el asco y la náusea de lo sobrenatural mientras lo giraba entre los dedos. El disco tenía algo de horrible y prohibido. Estaba acuñado al revés, en espejo, como si el cuño que lo había amonedado tuviera la matriz en positivo, y la pieza era la invertida.
No la encontré en el catálogo y dejó perplejos a los avezados numismáticos venecianos, acostumbrados y todo, como estaban, a las rarezas de la amonedación local. Pero la dieron por auténtica, es decir, tenía doscientos años y no era un capricho de algún patricio particular. Tampoco era un jetton de plaisir, sino que era, digamos, “oficial”. Nadie me supo explicar la razón de su existencia. Dejé las pesquisas para cuando fuera a Milán, sospechando que los anticuarios venecianos no eran menos afectos a la ignorancia que a la charlatanería.
En Milán tampoco supieron orientarme en las casas de monedas antiguas, y eso que ahí los coleccionistas y comerciantes eran raros connoisseurs. No me deshice de mi hallazgo aunque no faltaron ofertas tentadoras.

Confundido por mi imposible cequí, recordé que Archie, el propietario de la casa en la que me alojaba, me había hablado vagamente de unos chinos que habían visto cosas raras y habían jurado no volver nunca más a esa ciudad aquejada por una peste astral.
Recordé también que algunos atardeceres el agua se pone roja y parece arder como si el sol prendiera fuego a la laguna. Los edificios dan la impresión de levitar y flotar en un espejismo delicado, como si se volatilizaran o perdieran corporeidad, cocinados en un cobre al rojo sobre el que las fachadas bailan sin cordura.

Después entendí la verdad. La moneda cayó desde una Venecia que se levanta sobre otro plano de realidad, no más frágil que sus cimientos, afirmados con postes de madera en el fango. Una Venecia que ha rotado sobre la cuarta dimensión y en la que todo está dispuesto con una simetría axial con respecto a la que conocemos.
Ahora estoy enfermo; se ha apoderado de mí un ansia atroz por arribar a esa Venecia especular. Ahora que deambulo hasta la madrugada profunda buscando ser admitido en sus fantasmagorías, quizás revelar mi hallazgo sea la única catarsis para la inminente locura. Pero sé que a la larga ella será más fuerte. Quizás el crepúsculo es la médula en la que innumerables Venecias se muerden la cola con vocación de ouroboros o anfisbena.
Sé que buscaré hasta desfallecer, noche tras noche, un acceso a la otra ciudad, la inversa, hasta que caiga muerto en un helado canal o hasta que me abra paso, extraviado y absorto, por sus espejos dimensionales y me pierda entre encajes de turbias verdosidades y laberintos de tiempo.
Me verteré del mismo modo secreto que operó para la moneda, y rodaré hasta una Venecia cuyo tiempo discurre en sentido contrario, hacia su palustre fundación infecta, una Venecia en la que el ahora es 1797, de próximos carnavales barrocos.
Por el momento, soy el único que sabe que la ciudad desfallece entre niveles de vibración que flamean como encaje y que, como un queso gruyère, está enferma de bilocación o de multiplicaciones sucesivas, como las que producen los cristales de los caireles, el papel de aguas o el equívoco de diversos planos quebrados en refracción múltiple, o como las perspectivas irreales de las cárceles de Piranesi… sé que poco a poco se autodevorará, entrando y dándose vuelta sobre sí misma, como un jubón que cuelga de una soga, deviniendo en una Venecia invertida, hasta el punto de que algún día arrastre el planeta y el universo todo con ella, hacia una realidad en la que el tiempo gira en sentido contrario y la vida es una fuga desde las tumbas hacia los úteros

No hay comentarios:

Publicar un comentario