sábado, 24 de diciembre de 2011

Prólogo a los relatos de esquizofrenia barroca

Estos relatos, lector, son el agridulce fruto de viajes emprendidos en las más altas horas de la noche, hacia regiones situadas en confines más lejanos de los que te imaginas, inaccesibles a los caminantes por los senderos de la cordura y el sentido común.
La conjunción de libros hoy en día casi perdidos, conocimientos arcanos transmitidos secretamente entre susurros, músicas intranquilizadoras y el jugo de alguna planta prohibida son la única manera de pagar el precio del pasaje. El boleto, hasta ahora, ha sido de ida y vuelta… no sé si siempre habrá un retorno para mí de mis excursiones a las regiones malditas de la mente. Pero el verdadero pasaporte a esos países de ensueño oscuro es conferido, de manera excluyente, por haber nacido en ellos; ciudadanía iure soli et iure sanguinis que poseen unas pocas almas escogidas. Te adelanto que las etapas del camino en este viaje de relatos de esquizofrenia barroca, se darán bajo la especie de un climax ascendente cuya intensidad sobrenatural será cada vez menos digerible y más descolocante.
Hay susurros, en lo alto de la noche, de una lógica incompatible con la tradicional, pero no menos geométrica, de una geometría no euclidiana, incluso aún más estricta, dotada de triangulaciones y cuadraturas improferibles, de arrasadora concisión, como no la tiene la navaja del pensamiento diurno. Siguiéndolas, es como proyecté muchas de las ideas de estos relatos. Otras, me tomaron de la mano, me encontraron manso a sus sugestiones, y me guiaron por jardines portentosos de esquizofrenia y sobresalto.
Un aleteo dudoso en el jardín, el parloteo de los follajes, los susurros de criaturas inconfesables o el goteo de lejanos grifos mohosos me han sugerido, también, algunas imágenes. Pero es, decididamente, la sinestesia (esa ruptura de los límites entre lo visual y lo auditivo) en hibridación y mestizaje incontrolables, la lujuria que de un modo óptimo engendra la amargura de lo terrible.
Quiero, por otra parte, prevenirte que la escandalosa acumulación de adjetivos es, a veces, la única estilística que puede traducir, en mi experiencia, el horror de lo numinoso. Aunque a veces lo atávico se engendra, casi partenogénicamente, de un verbo de extremada precisión; otras, de algún sustantivo o un giro auditivo que se resuelve en una frase muy visual. Variados son los mecanismos de lo sobrenatural, y de arcana cifra su multiforme proferición… quizás no codificable su oscura gramática de una manera estricta. Ya se sabe, las aberraciones y los milagros negros son de vocación serendípica, y cuando mejor se ofrecen es cuando menos se buscan. Entonces aparecen, inesperadamente, o simplemente devienen, como las tragedias en la vida, sin necesidad de que las invoquemos.
He aquí, lector, los hijos de mi desasosiego. Quedas ahora a solas con ellos.

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